sábado, 24 de enero de 2015

MEDICAMENTOS EN EL AGUA LOS NUEVOS CONTAMINANTES




Se calcula, como promedio, que en el agua residual se hallan más de 20 fármacos de distinta composición, según el país y el consumo. El antidepresivo Prozac (fluoxetina) se ha encontrado en lagos y ríos de Canadá y Estados Unidos. En Suecia, un estudio revelaba a mediados de 2005 que las aguas del río Höje transportan diclofenaco, un antiinflamatorio de uso común, además del antiepileptico carbamezapina, propanolol (un beta bloqueante para la insuficiencia cardiaca) y antibióticos como el trimetoprim y el sulfametoxazol.

En España, un trabajo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) fue el primero que dio la alerta en 2005. Rastreó los residuos farmacológicos a lo largo de 18 puntos del río Ebro: en todos hallaron residuos de medicamentos, con los mayores niveles en varios puntos de la provincia de Zaragoza y en Navarra. Entre los fármacos que se detectaron en mayor medida destacan dos reguladores del colesterol, el ácido clofíbrico y el gemfibrozil; los analgésicos naproxeno y diclofenaco; el antiinflamatorio ibuprofeno; el antiepiléptico carbamezapina; y el atenolol, un beta-bloqueante.

El estudio revela, por tanto, que desde el gel de baño hasta la cafeína sin metabolizar de nuestro café matutino pueden acabar en las aguas. También se han empezado a detectar cantidades significativas de un desinfectante antibacteriano, el triclosán, que se incorpora en muchos detergentes y que preocupa porque podría generar resistencias en las bacterias. En Italia, una investigación del Instituto Mario Negri ha encontrado en el río Po cantidades inesperadas de cocaína: el caudal del río transporta diariamente el equivalente a cuatro kilogramos diarios de esta droga, lo que supone 1.460 kilogramos anuales (dato que reveló un consumo en la población muy por encima de las estimaciones oficiales).
Se acumulan e interaccionan

Las concentraciones de estos residuos no suponen un riesgo para la salud humana. Por ejemplo, el antiinflamatorio ibuprofeno se suele dispensar en grageas de 400 miligramos y, según el citado trabajo del Ebro elaborado por el CSIC, la máxima concentración de ibuprofeno hallada en el efluente de una depuradora es de 3.000 nanogramos por litro de agua, el equivalente a 0,003 miligramos disueltos en ese litro, muy por debajo del contenido habitual de una pastilla.

Lo que preocupa a los expertos es que en cada litro de agua no sólo puede haber ibuprofeno sino otros muchos fármacos que pueden interaccionar entre ellos. Otro factor a tener en cuenta es el efecto acumulativo en el ecosistema. Descubrir cómo afecta a los organismos acuáticos y, de forma indirecta, a la salud humana, es una de las prioridades actuales. Un temor fundado es que la exposición constante de los microorganismos del ecosistema -en el agua hay infinidad de virus y bacterias- a los antimicrobianos puede generar patógenos resistentes a esos fármacos, poniendo en peligro el tratamiento a futuras infecciones. No menos importantes son los efectos, todavía difíciles de prever, que tienen los residuos de las píldoras anticonceptivas y de terapias hormonales, que siguen activas al llegar al medio ambiente, y pueden alterar el sistema endocrino de los organismos.

Varios estudios ya han revelado la existencia de peces con signos de intersexualidad, en los que se da coexistencia de tejido testicular y de ovarios. En este caso, el fenómeno no puede atribuirse sólo a los fármacos sino que es el efecto combinado de contaminantes de origen diverso: a las hormonas femeninas sintéticas se les unirían las hormonas naturales, como la progesterona o el estradiol (que en las aguas residuales de grandes urbes alcanzan niveles muy elevados) y los contaminantes de origen industrial, como el nonilfenol, que mimetizan las hormonas femeninas.
La primera vez que notaron caracterísitcas femeninas en los peces macho fue en la década de los 90.

Paracetamol para el dolor de cabeza, anticonceptivos para evitar los embarazos y Prozac contra la depresión...

¿Se preguntó alguna vez a dónde van a parar los residuos de estos fármacos una vez cumplida su función?

Los seres humanos eliminamos gran parte de los medicamentos que ingerimos a través de la orina.


Dado que las poblaciones de muchas especies que viven en paisajes alterados por el hombre se están reduciendo por razones que no podemos explicar completamente, creemos que es hora de explorar nuevas áreas como la de la contaminación farmacéuticaKathryn Arnold, Universidad de York

La orina va a parar a las cloacas y, tras atravesar un imperfecto sistema de purificación, los desechos regresan a los ríos que nutren el planeta.

Aunque las concentraciones de fármacos en el agua son bajas, las consecuencias no distan de ser preocupantes: desde peces macho que adquieren características femeninas, hasta aves silvestres que pierden las ganas de comer, sin mencionar poblaciones enteras diezmadas de peces u otros organismos acuáticos.

Es más, según una serie de estudios recientes sobre el impacto de la contaminación farmacéutica en la vida silvestre, el uso cada vez más amplio de drogas, diseñadas para ser biológicamente activas en dosis bajas, puede ser una de las causas de la crisis global de la vida silvestre.Los estorninos parecen cambiar sus hábitos a la hora de alimentarse, bajo la influencia del Prozac.

"Dado que las poblaciones de muchas especies que viven en paisajes alterados por el hombre se están reduciendo por razones que no podemos explicar completamente, creemos que es hora de explorar nuevas áreas como la de la contaminación farmacéutica", afirma Kathryn Arnold, científica de la Universidad de York en Reino Unido, en referencia a la falta de investigaciones sobre el tema.

Lea: Medicamentos, los nuevos contaminantes de las aguas

Para los seres humanos, sin embargo, la presencia de fármacos en el agua en baja concentración no representa un problema: tendríamos que tomarnos entre 10 y 20 millones de litros de agua del grifo para ingerir suficiente medicación para aliviarnos, por ejemplo, de un dolor de cabeza.

En el caso de los peces, la historia es otra.
Machos femeninos

John Stumper, biólogo de la británica Universidad de Brunel, fue uno de los primeros en estudiar los peces macho con características femeninas descubiertos en la década de los 90.

"Lo primero que descubrimos fue que había muchos peces en los ríos que tenían en la sangre una proteína que se conoce comúnmente con el nombre de yema. Los estrógenos son los que controlan la síntesis de esta proteína en el hígado ", le explica Stumper a la BBC.La presencia de fármacos en el agua también redujo la población de peces, según estudios.

Lo que descubrimos fue que los machos -que no producen cantidades significativas de estrógeno, y por ende no tienen yema- tenían concentraciones elevadísimas de esta proteína. Sobre todo, aquellos que vivían en ríos cerca de una planta de aguas residuales", explica.

"Como era un cambio relativo al sexo, pensamos que podía tratarse de una hormona y dado que los machos se estaban tornando más femeninos y no al revés (hembras con características masculinas), pensamos que la causa podía ser el estrógeno".

Stumper estaba en lo cierto, investigaciones posteriores confirmaron que los anticonceptivos son los responsables de estos cambios.


Como era un cambio relativo al sexo, pensamos que podía tratarse de una hormona y dado que los machos se estaban tornando más femeninos y no al revés, pensamos que la causa podía ser el estrógenoJohn Stumper, Universidad de Brunel

Lo que ocurre, añade el biólogo, es que "a nivel molecular, los peces son extremadamente similares a nosotros". Así que casi todas las drogas para los seres humanos, tienen un efecto en los peces.

Pero los anticonceptivos no son los únicos que generan un problema ambiental. Los antidepresivos, cada vez más recetados por los médicos, también lo son.

De acuerdo a un reporte de Anette Kuster y Nicole Adler, de la Agencia Ambiental Federal de Alemania, las drogas más peligrosas para el medioambiente son "de los productos medicinales para los seres humanos las hormonas, los antibióticos, los calmantes, los antidepresivos y los fármacos para combatir el cáncer".

De las drogas veterinarias, el informe destaca las hormonas, los antibióticos y los antiparasitarios.
Aves sin apetito

Al igual que las hormonas sexuales sintéticas, los antidepresivos se disuelven en grasa (no en agua). Por ello, pueden ingresar en la corriente sanguínea de los organismos expuestos a aguas contaminadas.Mejorar los métodos de tratamiento de aguas residuales en costoso.

Esto, según un estudio que tiene previsto publicarse a fines de este mes, reduce la capacidad de alimentarse de los estorninos.

Kathryn Arnold, de la Universidad de York analizó cómo el Prozac afecta a estas aves, que se alimentan de orugas, gusanos y moscas, en zonas de tratamientos de aguas residuales.

Estos organismos se alimentan a su vez de lo que encuentran allí, que contiene altos niveles de fármacos, sobre todo Prozac.

Según le dijo Arnold a la BBC, "estas aves tienden en invierno a ingerir un buen desayuno primero, luego pican durante todo el día y comen bien antes de que llegue la noche".

Bajo el efecto del antidepresivo, no hacían esto: en vez de hacer dos grandes comidas, "picaban todo el día y, en total, comían menos".

"Este comportamiento puede afectar la manera en que mantienen su peso, los riesgos que toman o no para buscar comida y como socializan".

"Son todas estas pequeñas y sutiles variaciones las que se van sumando y, a la larga, comprometen potencialmente la supervivencia de una especie", explica la investigadora.
¿Uso excesivo?El consumo de Prozac afectó el apetito y los hábitos de socialización de algunas aves, como el estornino.

Si el problema se inicia en las aguas residuales, quizá la solución radique en buscar la forma de reducir la presencia de residuos farmacológicos en los ríos y riachuelos.

Se puede, por ejemplo, desarrollar métodos más eficientes para tratar el agua. Pero esto puede resultar costoso, y generar un gasto energético demasiado elevado.

En opinión de Ole Phal, profesor de la Universidad Glasgow Caledonian, es importante pensar en una aproximación más informada en cuanto al diseño y al uso de los fármacos.

"¿Estamos tomando demasiados? ¿Los usamos de manera correcta? ¿Hay alguna manera más amigable con el medio ambiente para deshacernos de ellos?, le dice Phal a la BBC.

En todo caso, concluye que "deberíamos reflexionar sobre el uso que hacemos de los fármacos".