martes, 28 de enero de 2014

Chamanismo y Renacimiento Arcaico






Cada vez menos en nuestra sociedad actual, que avanza desarticulada al desastre, se mira al patrimonio de las culturas arcaicas como algo a considerar en su exacta dimensión. Eso sucede debido a la inercia implantada en nuestras mentes que nos obliga a huir del pasado en busca de estupefacientes culturales cada vez más "futuristas". En nuestra imaginación nos figuramos el legado ancestral como una cavernícola falsedad fuera de moda, incapaz de satisfacer nuestro egocentrismo hedonista. Los siglos de colonización judeo cristiana han convertido a las culturas ancestrales de la mayoría del planeta en los referentes indispensables para vendernos la creencia casi religiosa de lo tanto que hemos progresado como homo sapiens. A su vez, siendo culturas que intentaban fluir con la naturaleza, al ridiculizar, condenar o prohibir sus prácticas naturales, nos convencen cada vez más de que la comunión con la naturaleza no es nunca la primera opción. La extorsión, esclavización y exterminio masivo de todas las culturas originarias de la Tierra, el robo de su territorio a nombre del progreso, nos aleja subliminalmente de toda responsabilidad ante el hecho de que nuestra memoria total está siendo sistemáticamente borrada con inminentes consecuencias para la humanidad y el medio ambiente. Los medios masivos de comunicación desfiguran aceleradamente el contorno de lo que durante miles de años fue nuestra marca natural: nuestro compromiso con la evolución de la especie, una evolución de la que el progreso material y tecnológico son solo la menor parte. Justo en aquel arcaico pasado tuvimos el nivel de conciencia suficiente para los impresionantes descubrimientos e inventos que nos hicieron humanos. Domesticar el fuego y las plantas, o desarrollar la farmacopea natural, es algo que en nuestro estado actual de conciencia no alcanzaríamos**.

Para los antiguos vivir en la naturaleza, rodeado de seres tan vivos como nosotros y sin embargo diferentes, era la continua percepción del misterio de nuestra existencia. Saberse un animal en evolución que preda, transforma y abandona la naturaleza, tratando de conservar la memoria de un origen no biológico de su condición de especie, era cuestión de vida o muerte. Aquellos grupos humanos se esforzaban por transmitir a las futuras generaciones un modo de vida en que la comunión con la naturaleza era la fuente principal de nuestro impulso evolutivo. Esta comunión no se basaba solo en proteger el entorno en lo posible, sino en la facultad de expandir la percepción de la realidad a fin de obtener una información ampliada del universo desde la cual es patente nuestro lugar y misión en el planeta. Mediante prácticas culturales y técnicas para explorar los alcances de la percepción podían enfrentar los peligros naturales y problemas sociales; desarrollaron tecnologías materiales y psicológicas para cultivar una cotidianidad que conservara nuestras mayores aspiraciones. Minimizar la tendencia al olvido, inherente al proceso evolutivo humano, fue un esfuerzo continuo durante la mayor parte de la historia de la especie. De ese modo, las guerras de conquista y el olvido de la sacralidad del entorno y del ser humano nos ha traído a la encrucijada actual. Solo un renacimiento que nos devuelva aquella inclinación arcaica podrá impedir nuestra extinción.


En las culturas chamánicas, la relación humana con los animales, las plantas, los nichos ecológicos sagrados, el cuerpo humano y sus procesos, los símbolos culturales, etc., brindaba la oportunidad constante de una visión integrada del mundo, un acceso a otras dimensiones perceptuales y la memoria del Origen de la especie humana. Comunicarse con un animal en una laguna sagrada a través del sueño o la embriaguez era solo una muestra de los potenciales de la conciencia y la necesidad de avivarlos para sobrevivir en el entorno biológico dentro de la dinámica de la biosfera, una manifestación del ser planetario. Las culturas chamánicas rendían un tributo simbólico a la Tierra, a la que consideraban un ser consciente. Desde su conexión con la conciencia planetaria podían sostener el pasado de la especie y atisbar al futuro durante el adormecimiento perceptual que representa la vida cotidiana. El chamanismo y sus prácticas cognitivas ayudaban a nuestros ancestros culturales a cultivar y conservar el estatus social y existencial de Pueblos Originarios mediante la memoria del origen extrabiológico de la especie humana. Sus rituales, símbolos, estructuras sociales, registran, describen y recrean para las generaciones venideras un recuerdo de nuestra herencia energética original, en la que somos energía encarnada en un Edén natural pleno de gozos y peligros, necesitados de evolucionar transformándolo a la par de dar saltos colectivos de conciencia. Aquellos primeros humanos veían el peligro siempre latente de perecer en el transcurso de los cambios sociales y planetarios al no alcanzar un equilibrio entre nuestras capacidades evolutivas y predatorias.

El renacimiento arcaico* implica retornar al chamanismo como impulso civilizatorio. En nuestra actualidad, regida por el paradigma científico-religioso que durante siglos ha intentado desconocer el saber chamánico, es sin embargo sorprendente cómo la misma tecnocracia que destruye aceleradamente el planeta ha descubierto sus límites para satisfacer las aspiraciones humanas. La adicción a la idea del progreso y el caos actual ha hecho a muchos cuestionarse nuestro plan civilizatorio y vuelcan la mirada a las culturas que conservan algo del modo arcaico de vivir. Justamente estas culturas y su lucha por subsistir son la oportunidad de regresar al punto en que nos equivocamos y desarmar los aspectos destructivos del progreso actual. No hay otra solución para nuestra sociedad global desarticulada, en la que economía, política y ciencia en genocida confusión amenazan con hacernos olvidar el arte natural de vivir.

* Renancimiento Arcaico (Archaic Revival) es una término propuesto por el filósofo y etnobotánico norteamericano Terence McKenna (1946 - 2000) para referirse a una eventual evolución cultural que parta de recuperar el impulso civilizatorio de nuestros antepasados partiendo de un cambio global de conciencia fomentado por el resurgir en nuestro contexto actual de las antiguas prácticas chamánicas.


** No deja de ser curioso el que una gran cantidad de inventos y descubrimientos modernos tienen su fuente en estados de percepción expandida que espontáneamente han alcanzado sus realizadores.