viernes, 14 de junio de 2013

Beneficios para la salud de la posición natural en cuclillas


Siete ventajas de sentarse en cuclillas






Hace la eliminación más rápida, más fácil y más completa. Esto ayuda a prevenir el "estancamiento fecal", factor central en el cáncer de colon, la apendicitis y la inflamación intestinal.


Protege los nervios que controlan la próstata, la vejiga y el útero, evitando que se restiren y se dañen.


Sella con seguridad la válvula ileocecal, entre el colon y el intestino delgado. En la postura sentada convencional, esta válvula carece de soporte y muchas veces gotea durante la evacuación, contaminandoel intestino delgado.


Relaja el músculo puborrectal que normalmente cierra el recto para mantener la continencia.


Usa los muslos para soportar el colon e impedir tensiones. Las tensiones crónicas en el inodoro pueden causar hernias, diverticulosis y prolapso del órgano pélvico.


Es un muy eficaz tratamiento no invasivo para las hemorroides, según indican publicaciones clínicas de investigación.


En las mujeres embarazadas, estar en cuclillas evita la presión sobre el útero cuando van al baño. Estar en cuclillas diariamente ayuda a preparar a la futura madre para un parto más natural.
Bosquejo histórico

El hombre, al igual que sus compañeros primates, siempre ha usado la posición en cuclillas para la eliminación. Los infantes de todas las culturas adoptan instintivamente esta posición para hacer del baño. Aunque le parezca raro a alguien que no ha tenido esta experiencia en toda su vida, esta es la forma en la que el cuerpo humano está diseñado para operar.
Y esta es la forma en la que nuestros ancestros realizaban sus funciones corporales hasta mediados del Siglo XIX. Antes de eso, los inodoros en forma de silla solamente habían sido empleados por la realeza y por los discapacitados. Pero con el advenimiento de las cañerías dentro de las casas en los años 1800 se inventó el inodoro en forma de trono, para dar a la gente ordinaria la misma "dignidad" antes reservada para los reyes. Ni el plomero ni el constructor de muebles que lo diseñaron sabían algo acerca de la fisiología humana, y creyeron sinceramente que estaban mejorando la vida de la gente.
El nuevo artefacto simbolizaba el "progreso" y la "creatividad" de la civilización occidental, y mostraba que el hombre podía “mejorar” la naturaleza y trascender las prácticas culturales primitivas que observaban los pobres e "ignorantes" nativos de las colonias. El "peso del hombre blanco" tipificaba la condescendiente actitud victoriana acerca de las demás razas y culturas.
La industria británica de la plomería rápidamente instaló cañerías dentro de las casas e inodoros en todo el país. Los grandes beneficios de higiene hicieron que la gente dejara pasar un grave error ergonómico: La posición sentada dificulta e impide completar la eliminación, y obliga a ejercer presión.
Quienes no dejaron de advertir estas desventajas tuvieron que quedarse callados porque esos asuntos no se podían mencionar. Más aún, ¿cómo podían criticar la forma de "hacer sus necesidades" de la Reina Victoria misma? (El inodoro de ella era dorado, como correspondía a la "Emperatriz de la India".)
Así, como en la fábula del emperador desnudo, el inodoro se aceptó tácitamente. Fue una aceptación reticente, como evidenció la popularidad de los "bancos para estar en cuclillas" que vendía la famosa tienda Harrods de Londres. Como se muestra en la figura de la izquierda, esos bancos simplemente elevaban los pies, en un burdo intento de imitar la postura en cuclillas.


El resto de Europa occidental, y también Australia y Norteamérica, no quisieron aparecer menos civilizados que Gran Bretaña, cuyo vasto imperio en esa época la convertía en el país más poderoso de la Tierra. De esta forma, en unas pocas décadas, la mayor parte del mundo industrializado había ya adoptado "El nuevo trono del emperador".
Hace 150 años nadie pudo predecir cómo iba a afectar este cambio a la salud pública. Pero hoy muchos médicos culpan al moderno inodoro por la alta incidencia de varias enfermedades graves. Los países occidentalizados tienen tasas mucho mayores de enfermedades pélvicas y del colon, como ilustra este reporte en la Revista Israelí de Ciencias Médicas.
La frecuencia de enfermedades del intestino (hemorroides, apendicitis, pólipos, colitis ulcerosa, síndrome de intestino irritado, diverticulosis y cáncer de colon) es similar en los sudafricanos blancos y en la población de los países occidentales prósperos. Entre los sudafricanos rurales negros con estilo de vida tradicional, esas enfermedades son muy poco comunes o casi desconocidas.

Embarazo y parto

Los educadores para el parto siempre aconsejan a las mujeres evitar la "maniobra Valsalva" en la que se aguanta la respiración mientras se hace esfuerzo, porque hace una gran presión sobre el útero y el piso pélvico.

Desafortunadamente, esta maniobra es imposible de evitar cuando se usa un inodoro convencional, lo cual explica por qué las futuras madres encuentran que la evacuación diaria es una experiencia tan incómoda y frustrante. El estreñimiento durante el embarazo se considera "normal" porque la mayoría de los médicos ignoran el diseño anormal de los inodoros modernos.

Además de mejorar la eliminación, ponerse en cuclillas también ayuda en otras formas durante el embarazo:
Previene las hemorroides, que afectan hasta al 50% de las mujeres embarazadas (de acuerdo con aHealthyMe.com)


Evita la acumulación de toxinas en el colon, lo cual da al embrión un entorno más limpio y sano.


Desarrolla la flexibilidad necesaria para dar a luz en la postura más ventajosa y natural. Ponerse en cuclillas abre por completo el canal de parto, maximiza el poder de los músculos abdominales y ayuda a proteger el piso pélvico de lesiones.





Esta postura de Yoga se llama "preparación para malásana".
Prepara la flexibilidad para el parto natural (y para la eliminación).
Resulta más fácil con la espalda contra la pared.

Un estudio publicado en 1969 en la revista Journal of Obstetrics and Gynaecology of the British Commonwealth encontró que la postura en cuclillas aumenta el área disponible en el canal de parto entre 20 y 30%. El inodoro de asiento hizo a las mujeres incapaces de mantenerse prolongadamente en cuclillas, lo cual promovería un trabajo de parto más cómodo y mejor, y también reduciría la necesidad de intervenciones médicas en forma de fórceps, extractores de vacío, anestesia epidural y episiotomías.

La forma más drástica de intervención médica es la cesárea. En 2007, el 32% de los nacimientos en Estados Unidos fueron por cesárea.  Esta alarmante estadística indica que las mujeres están perdiendo la capacidad de dar a luz en forma natural. El inodoro moderno ha alejado a las mujeres de la postura para dar a luz con la que fueron diseñadas.

Las posturas convencionales para el alumbramiento —recostada y semisentada— cierran el canal de parto entre un 20 y un 30%. El recién nacido es usado como “cuña” para forzar la apertura del canal de parto. Los obstetras, que desconocen lo que causa la obstrucción, recurren a drogas y complejos aparatos para "extraer" el feto. Esos procedimientos burdos y forzados aumentan el riesgo de lesiones para la madre y el recién nacido.

En casi todos los hospitales se prohíbe el uso de la postura en cuclillas, por lo que las mujeres deben recurrir a la maniobra Valsalva. Aguantan la respiración y empujan con toda su fuerza, sin saber que el canal de parto está parcialmente cerrado, y esta maniobra ejerce una enorme presión sobre el piso pélvico.

Un resultado usual es el daño al nervio pudendo, que conecta la pelvis con la espina dorsal. Los daños al nervio pueden llevar a incontinencia de vejiga y desequilibrios hormonales, debido a la ruptura en la comunicación entre el cerebro y la pelvis. La depresión posparto es un síntoma de desequilibrio hormonal.

Dar a luz en la postura en cuclillas no requiere la maniobra Valsalva. Además de abrir por completo el canal de parto, la postura comprime en forma natural la cavidad abdominal para empujar al recién nacido sin ejercer presión o contener la respiración.

La postura completa en cuclillas también minimiza el riesgo de hernias pélvicas, muchas veces causadas por los esfuerzos durante el parto, pues la vejiga, el útero o los intestinos pueden ser desalojados de su lugar y empujados hacia la vagina. Estas hernias son extremadamente comunes en el mundo occidental, pero en el mundo subdesarrollado, donde se emplea la postura en cuclillas, las mujeres se mantienen "relativamente inafectadas por problemas del piso pélvico".
Los seres humanos deberían dar a la luz con la misma facilidad que los demás animales, y así sucede con más de dos terceras partes de las mujeres en el mundo, que emplean la misma postura que han empleado toda su vida para las funciones corporales.

Al redescubrir cómo es que el cuerpo fue diseñado para funcionar, las mujeres pueden en gran medida reducir el estrés del embarazo y el parto. Dar a luz nunca ha sido carente de esfuerzo, pero puede ser una experiencia mucho más segura, sencilla y feliz.

Baños de tiempos antiguos

Ancient Public ToiletsLas fotografías de los baños públicos antiguos tienden a confundir a los occidentales, quienes suponen que se usaban en la posición sentada. Esa impresión se refuerza muchas veces por las poses cómicas de los turistas.
Pero en realidad se trata de baños para estar en cuclillas.

Ancient Public Toilets
Están elevados, y no son para sentarse, pero debido a que hay una cloaca abierta en la parte inferior, las aperturas en la pared vertical permitían limpiarse con el agua, lo cual se hace desde el frente cuando se está en cuclillas.




Comical TouristEl caballero a la derecha se sorprendería al saber que, excepto por la realeza y los discapacitados, todo mundo empleaba lapostura en cuclillas hasta la segunda mitad del Siglo XIX.






Comentarios generales

Virtualmente todos los médicos y fisiólogos que se han tomado la molestia de escribir sobre el asunto están de acuerdo en que la postura en cuclillas es la posición más natural y fisiológicamente sólida para la evacuación. Esta es la conclusión del profesor Alexander Kira, del Centro de Estudios del Entorno y la Vivienda de la Universidad de Cornell, quien condujo un estudio de siete años de duración sobre el diseño de los baños modernos. Su libro de 1976, El cuarto de baño, contiene numerosas citas de científicos occidentales que han deplorado el uso del inodoro moderno.

Cita al Dr. Henry L. Bockus, el autor del libro de texto estándar,Gastroenterología:
... La postura ideal [para evacuar] es en cuclillas, con los muslos flexionados sobre el abdomen. De esta forma la capacidad de la cavidad abdominal disminuye grandemente y la presión intra-abdominal aumenta, facilitando la expulsión...El Dr. Alexander Kira cita un artículo en la revista American Anthropologist y extrae la siguiente conclusión:
Debemos tener en mente que aunque lo consideremos natural [el uso de los inodoros de asiento], sólo representamos un porcentaje relativamente pequeño de la población mundial, y un porcentaje que —debemos decir— está equivocado en un sentido absoluto al haber dejado a la civilización intervenir en nuestras funciones biológicas.El Dr. William Welles, el quiropráctico citado arriba, escribió un artículo titulado "El oculto delito del trono de porcelana". He aquí un breve extracto:
El diseño de los inodoros modernos fue creado con un absoluto desacato por la anatomía del cuerpo humano. En el inodoro occidental convencional, se ejerce presión dentro del abdomen al empujar el diafragma hacia bajo en forma tal que empuja todos los órganos del cuerpo, causando que se hundan (prolapso), y creando disfunción de la válvula ileocecal. Los músculos abdominales se dejan por completo sin soporte, como dijimos, y el cuerpo sufre las consecuencias.

El Dr. Leonard Williams afirma que el inodoro moderno paraliza los músculos abdominales. "Esos músculos se ejercitan demasiado poco en la persona sedentaria, pero cuando está sentada en el inodoro ordinario, no los podría ejercitar aunque lo quisiera".


Conclusión

Durante 150 años los habitantes del mundo occidental han sido los involuntarios sujetos de un experimento. Por un accidente del destino fueron forzados a adoptar los inodoros de asiento, mientras que las otras dos terceras partes del mundo (el "grupo de control") continuó usando la postura en cuclillas natural.

Los resultados de este experimento han sido claros e inequívocos. El grupo experimental ha sufrido tasas dramáticamente mayores de trastornos intestinales y urológicos. Las siguientes enfermedades están casi exclusivamente confinadas al mundo occidental: apendicitis, cáncer de colon, trastornos de próstata, diverticulosis, incontinencia de vejiga, hemorroides e inflamación intestinal.

Pero los resultados han sido mal interpretados por los investigadores, que ni siquiera se dieron cuenta del experimento. Los médicos occidentales han tratado de atribuir la evidencia epidemiológica a la dieta occidental "muy refinada". Sus intentos han fracasado consistentemente tratando de mostrar que la dieta es un factor significativo. Los sitios Web convencionales que discuten estas enfermedades dicen todos las misma historia:
Esta es una enfermedad del mundo occidental. No sabemos lo que la causa, o por qué el mundo subdesarrollado parece tan extrañamente inmune.Los investigadores médicos han trabajado diligentemente para resolver estos misterios mortales, pero han avanzado poco. Debido a su hábito de estudiar las enfermedades en forma aislada no vieron una notable coincidencia: muchas diversas enfermedades pélvicas, de los intestinos y de la vejiga —anteriormente raras o desconocidas— de repente se hicieron comunes durante la segunda mitad del Siglo XIX.

Esta sencilla observación los hubiera podido alertar sobre la presencia de un factor común subyacente. Hubiera provocado la pregunta obvia:¿Qué fue lo que cambió repentinamente en los hábitos diarios de la población?

La respuesta obvia: Abandonaron la postura en cuclillas para las funciones corporales (incluyendo el parto.) Para cada enfermedad hemos explicado la relevancia anatómica de este cambio, misma que se confirma por la ausencia de estos trastornos entre las poblaciones que sí emplean la postura en cuclillas.

En resumen, el trono de porcelana ha causado una enorme cantidad de sufrimiento innecesario y el desperdicio anual de miles de millones de dólares en costos médicos. Claramente, ha llegado ya el momento de reconectar al hombre occidental con sus hábitos naturales y poner fin a este desafortunado experimento.




REFERENCIAS
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